lunes, 30 de agosto de 2010

Lo que atesoras en el camino.

Cada persona con la que hablas provoca una interacción, es la posibilidad de un intercambio y a veces, en raras ocasiones ocurre que esa persona puede ser excepcional

y lo que te puedes llevar con su trato es un pequeño tesoro de conocimientos.
Me llama la atención que de las que más enseñanzas me he llevado no eran especialmente llamativas. En un trabajo como el mío con un colectivo tan grande no es raro encontrar personas que son más populares que otras, el centro de atención pero también he comprendido con el tiempo que son podios que cambian pronto para los que se esforzaron en alcanzarlos pero que ha sido el correr de los años los que han establecido podios definitivos para los que siempre fueron ellos mismos aunque el índice de popularidad rara vez estaba en los primeros puestos. La memoria ha olvidado la estadística de los más populares pero siempre tengo presente si ya no están cerca a las otras.
Dediqué un escrito a una de esas personas, alguien que fue un ejemplo a seguir. Podría describirla pero creo que ese escrito explicaba todo lo que quería hablar de ella y que aclara perfectamente lo que quiero decir en este escrito.


HABLARÉ DE ELLA.

Era de trato grato, siempre la palabra amable y la sonrisa alegre.
Al verla detenida a menudo hablando con tanta gente pensé que era afortunada, lo encontré lógico dado el encanto y el carácter.
Con el tiempo comencé a ver más allá, ella siempre daba, siempre estaba al requerimiento de ayuda o palabras de consuelo. Me extrañó que agradeciera de manera exagerada mis visitas, quizá porque yo no quería nada. Sólo me interesaba ella.
No fue fácil averiguar su historia de la que nunca hablaba. Me abrumó. Complicada, llena de dolor, sufrimiento y pérdidas que en su alegría habitual nada denotaba.
Esa paz serena sin usar sus pasadas experiencias enarbolándolas como bandera, sin escudarse en agresividades del carácter ni resentimientos ni cinismos, aunque hubieran sido disculpables.
Nada de eso encontré en ella. Si hubiera que describirla, las palabras serían dulzura, generosidad y sabiduría.
Aunque sin correspondencia siguió dando todo el tiempo que la conocí. Se relacionaba con sencillez. Nunca entendí ese aparte.
No pude evitar comentarlo un día. Volvió hacia mí con calma su mirada, torció el gesto en un amago de sonrisa.
              - Amor y amistad es un tesoro, muchas veces resplandece engañoso como el oro de los tontos pero no te equivoques amiga, ambos son raros y escasos pero tienes que dar para encontrarlos aunque ten claro que solo recibes cuando verdaderamente encuentras. Es la única forma, seguir dando.
Siempre vi en ella humildad y grandeza de espíritu, invalorable riqueza.
Se despidió una tarde. Cerró la casa y la vi alejarse, su figura se hizo pequeña en el camino perdida en la distancia.
Tiempo ha que nada sé de ella. Sé que la irá bien. Era de faz noble, ojos dulces, sonrisa clara y manos abiertas. Formula infalible para la gente buena.

Son personas como ella la que me ayudaron a ser yo misma, hoy he comprendido en todo su sentido lo que me quiso decir sobre la amistad, en sus breves palabras creo que describió todos los grados posibles. Reconocía la grandeza y rareza de la autentica amistad pero siempre trató a todo el que se le acercaba con una amabilidad y una dulzura exquisita, mejor cuanto más insignificante me parecía la persona, incluidas las mezquinas, reconozco que eso me provoca aún profundas reflexiones pero cada día que pasa me convenzo más de su inmensa sabiduría.
He aprendido con la edad que cuando vea algo bueno tengo que imitarlo y desechar, pulir lo malo que veo en mí. Me ayuda cuando lo veo reflejado en otros.
Soy afortunada, tuve buenos maestros y los que espero seguir encontrando en el camino.
Ser consciente de lo que vivo, de lo que encuentro, de lo que puedo aprender ha sido la mejor enseñanza de muchos que encontré. Dije en una ocasión, El andar guarda tesoros en la senda, ir descubriéndolos es una gran aventura.

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Déjame considerar un logro que siendo tú tan extremo en posturas te has sentado con una mujer a hablar de este asunto, es esperanzador sólo por eso y no importa que me digas que en realidad pretendes rebatir mis argumentos y para explicarme que como occidental opino sin saber en cuestiones vuestras y que me mueve la intención de que vuestras mujeres imiten nuestras conductas y forma de vida.Déjame decirte amigo, que jamás me atrevería a inmiscuirme en eso, el camino de las libertades de la mujer musulmana deberá recorrerlo ella como antes lo hicimos nosotras, a su elección y forma.Te hablo de mínimos, esta conversación trata de derechos elementales inherentes al ser humano, más allá de usos y costumbres.Ese argumento tuyo de que como occidental y además mujer es imposible que entienda, déjame decirte de nuevo que no estoy conforme con tus palabras, cuando ni siquiera entre vosotros os poneis de acuerdo, veo que según interpretaciones de las palabras del Profeta, la mujer posee más libertad o menos.Escucha,Me he acercado con todo respeto a tus Escrituras Sagradas buscando razones para entenderte, me ha sorprendido y ¿ sabes?, no hay tanta diferencia entre tu Texto y el mío, se parecen en el fondo, son las formas, las formas que han derramado tanta sangre a lo largo de la historia.No he encontrado en las Azoras nada que te justifique, al contrario y aunque puede haber Aleyas interpretativas de todo el conjunto se desprende consideración y respeto hacia la mujer.De acuerdo, te admito que una traducción no puede considerarse Corán, y que una infiel como yo no puede captar toda su trascendencia.Pero mira, me has dado un argumento sin darte cuenta.Sabes lo que significa Corán, yo también, entonces amigo sigue el díctamen¡Recita! ¡Recita! ¡Recita! y entiende.Olvida lo que te han inculcado otros, olvida lo que te han interpretado.Te pido, tú sólo con las palabras,¡Recita! ¡Recita! ¡Recita! y comprende que no hay nada en ellas que te lo impida.¡Quítale el velo! ¡Quítale el miedo!, libérala de la persecución y de la muerte. Devuélvele su dignidad y su voz y trátala con el respeto que merece, porque como yo nació mujer, como yo nació libre.
Mariant Íberi